¿Te Acordás de la Convertibilidad?

El contador Raúl Macaroff analiza el Plan de Convertibilidad de los noventa y expone por qué el orden macroeconómico requiere sustentabilidad productiva.
Una mirada crítica sobre los errores del pasado para comprender los desafíos fiscales y monetarios del presente en la Argentina.
Columnas10/10/2026 Por: C.P.N. Raúl E. Macaroff
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C.P.N. Raúl E. Macaroff.

En un nuevo análisis de la coyuntura macroeconómica, el contador Raúl Macaroff reexamina el Plan de Convertibilidad aplicado en la Argentina durante la década de 1990. El especialista plantea la necesidad de evaluar aquel proceso histórico con objetividad para extraer lecciones aplicables al escenario actual, donde el control del déficit fiscal y la estabilidad de precios vuelven a ocupar el centro del debate público.

Hace poco más de diez años, septiembre de 2016, Larry Kudlow el entonces Asesor del Gobierno de, un algo más joven y lúcido, Donald Trump, comentó sobre la posibilidad de aplicar una política de dolarización de la economía o de convertibilidad de la moneda argentina como solución a la espiral inflacionaria que retroalimentaba el valor del dólar y los índices de precios; como hacemos exageradamente en Argentina ante comentarios externos que nos mencionen, se suscitó una gran discusión local respecto de la experiencia de la década del 90 con el dictado de la Ley 23.928 de convertibilidad del austral. Hoy algunas circunstancias parecen coincidir en tiempo, espacio y personajes, por ello me permito recrear un comentario de aquella época y recordar conceptos técnicos y operativos de la “Convertibilidad”

A partir del comentario de Kudlow, las críticas no se hicieron esperar, incluso el mismo centro del gobierno nacional salió a desmentir inmediatamente que siquiera se estuviera pensando una medida de tal carácter. Es que todavía resonaba el duro recuerdo de la eclosión final del Plan de Convertibilidad en las aciagas jornadas de diciembre del 2001.

Sin embargo, ya habían pasado veinticinco años desde el dictado de la Ley 23.928 y quince de la visualización de su fracaso; hoy ocho más, estimo tiempo suficiente como para hacer un análisis y evaluación histórica del proceso de su aplicación sin el sesgo de agregados psicológicos ni la rémora de la memoria de corto plazo.

Para ello veamos primero qué proponía sustancialmente el plan:

a) Convertibilidad, el Banco Central de la República Argentina se comprometía a cambiar sin condición alguna cada peso de la moneda nacional por dólares estadounidenses a la paridad vigente.

b) Paridad, cotización del dólar establecida por Ley para la conversión, inicialmente 1 Dólar igual a 10.000 Australes, luego a 1 Peso de Moneda Nacional.

c) Cada peso convertido (cambiado) a dólar, debía dejar de circular.

d) Suspensión de todo tipo de mecanismo indexatorio o de ajuste monetario.

En estos cuatro puntos básicos se sustentaba el Plan de Convertibilidad aplicado en Argentina desde abril de 1991.

Contexto Histórico

En 1989 el fenómeno inflacionario se convierte en hiperinflación, en ese año supera el 5.600% anual. En el mes de julio de 1989, en que asume anticipadamente la presidencia el Dr. Carlos Saúl Menen, el nivel de inflación superó el 200% mensual. Entre julio de 1989 y diciembre de 1990, hubo un nivel de inflación anual superior al 22.000 %.

Sin dudas el virus inflacionario se había convertido en epidemia y resultaba imposible encontrar equilibrio en las decisiones económicas sin pasar por las vertientes del agio y la especulación.

Independientemente de las cuestiones ideológicas, llamémosle de mérito, y de oportunidad, casi dos años después del recambio presidencial, se dicta la Ley 23.928 instaurando el modelo (para algunos) o plan (en mi opinión) de convertibilidad, ya que no se le puede dar ni más ni menos que esa entidad con destino y fin exclusivo de lograr frenar la vorágine de precios que permitiera equilibrar las variables económicas para así dar marco lógico y previsible a políticas de desarrollo, insisto dentro de la ideología que en el juego democrático el Pueblo hubiere delegado a sus circunstanciales conductores.

El desarrollo de los hechos

El impacto que produce el nuevo marco regulatorio de los contratos prohibiendo la aplicación de cualquier mecanismo indexatorio, incluso para cláusulas preexistentes, más la contención del mercado de cambios ante la proposición explícita de convertir pesos en dólares a una paridad fija de 1 a 1, se reflejó al principio con cierta cautela y luego en una muy fuerte desaceleración del proceso inflacionario, cuando los mercados encontraron su punto de equilibrio, se logró una efectiva estabilidad monetaria cuanto menos vigente en términos reales en lo que podríamos llamar la primera mitad de la década de su existencia.

¿Qué había pasado en ese tiempo? lejos de asumir la ley de la moneda más fuerte e ir en masa a convertir nuestros pesos (débiles) en moneda fuerte (dólares) a la paridad de 1 a 1, es decir dolarizar el peso, imponiendo como nueva moneda de cambio al dólar; pesificamos al dólar, no hubo corridas de conversión y en su lugar operamos con nuestra propia moneda como si su valor fuera equivalente al dólar, sin prejuicios de verdes o no. La convertibilidad expectante, ilusoriamente, porque en definitiva nunca se concretó de manera efectiva: había vencido a la inflación.

Una historia de amor estaba empezando, pero….

Nos equivocamos al elegir la pareja de nuestro encantamiento, en lugar de enamorarnos de la convertibilidad, incluso mucho mejor a su sola expectativa, nos enamoramos de la cara bonita de la paridad, fija, uno a uno.

Error. Grave y fatal error

La estabilidad monetaria es condición necesaria pero no suficiente para la ejecución de un plan ordenado de desarrollo, debe ser acompañada y sustentada en una política económica que permita la inversión productiva y el crecimiento de las variables de ingresos y consumos nacionales, para ello se deberían haber previsto ajustes a la relación peso – dólar que acompañara un proceso de reordenamiento fiscal (Macro) y del aparato productivo local primario y manufacturero (Micro), promoviendo la importación de bienes de capital y regulando la fuga de divisas en bienes de consumo o simplemente turismo al exterior.

No corregir el déficit fiscal, no proteger la industria nacional y actividades primarias, deviniendo a productores e industriales en importadores y atarse a una paridad progresivamente deteriorada, fue el caldo de cultivo que arrastró al País a la crisis terminal del 2001.

Hoy las variables macro están controladas y con ello la reversión de los coeficientes inflacionarios a costa, sí, de la contracción del consumo por dos motivos: restricción de la emisión monetaria, ergo Gasto público, y sinceramiento (1) de las tarifas en los servicos públicos; en consecuencia, la micro, el destino final del ingreso medio, la sensación de piel de la mayoría del pueblo argentino, es que el vaso sigue medio lleno o medio vacio depende de qué lado se lo mire y así como una mesa solo se puede mantener en dos patas si ellas son igualmente robustas y equilibradas, es obvio que algo le falta aún al plan económico como para que todos podamos alcanzar las delicias servidas en la misma mesa del desarrollo.

Como dije pasaron ya varios años, de aquel amor equivocado, pero como matrimonio desavenido, la memoria de corto plazo, nos hace recordar más la última pelea que el primer beso.

Si pudiéramos desandar la historia desapasionadamente, con pensamiento crítico racional y dispuestos a corregir los errores juveniles, la palabra convertibilidad, no sonaría tan descabellada como la cabeza que la pergeñó y no supo o dejaron distinguir la mejor pareja al momento de elegir el destino para una convivencia feliz y venturosa.

Al fin bienvenida la discusión y la polémica, pero a no olvidar que estamos hablando de economía y en argentina hacer cálculos, previsiones y suposiciones económicas hacia el futuro está más cerca de la astrología que de la astronomía.

Hasta la próxima.

Por: Raúl E. Macaroff

Contacto: [email protected]

(1)      Vamos a hablar en algún monento sobre el “sinceramiento” de las tarifas públicas, por que no es lo mismo ajustar a costo, que ajustar el costo asociado a la eficiencia económica.

 

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